Ayer en la noche fui a cenar con un primo y un amigo. Cuando salimos del lugar y nos disponíamos a abordar la camioneta de mi primo nos bajaron de la misma a punta de pistola. Cómo yo venía llegando de Toluca mi maleta iba en ese carro. Por tratarse de las navidades traía mis mejores garras: esa playera que compre este año afuera del concierto de Bunbury y que asemeja una caja de Faros. En la mochila llevaba una libreta donde, según yo, escribía mi primera novela. El trabajo de unos meses que, cosa rara, me tenía muy satisfecho. A diferencia de otro proyecto, que apenas escribía una línea la pasaba a la nube (era tanta mi ansiedad por protegerlo) este texto decidí no pasarlo a la compu hasta terminar la primera versión en mi libreta. Así que sí, perdí el manuscrito para siempre como si de uno de los grandes se tratara. Pienso en José Revueltas que la perdió en su maletín en alguna estación de tren en el país o en Alejandro Ariceaga que en su vida perdió varias y variadas y que nunca en...
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