Te fuiste y me quede con la postal de un volcán. El tatuaje en mi piel y la otra marca más profunda en mi alma. Dos ceniceros que acabé por comprar en los dos lugares donde te fui a encontrar.

Porque siempre hice por seguirte, hasta que ya no me lo permitiste.

Me quedan un montón de libros mexicanos. Todos con tu inicial en la página cuatro, asechándome como fantasma de la mañana.

Me quedo con los tres días, que no sé gracias a qué pacto, nos dedicamos a andar la región de Lugo. Lugo, como el apellido de mi abuelo que trajo esa caja de DVD´s que eran para ti. Y hoy tragan polvo en mi pieza.

Tengo la certeza de que fuimos todo y hoy somos nada. Tengo dos ceniceros y un montón de libros.


                                                                              ***


Tu nombre como fantasma en la mañana, como neblina que el día no ha logrado disipar, así como el tiempo no lo ha hecho con tu recuerdo, que aparece cuando más lo creía perdido, extraviado en cualquier tugurio pestilente.

Pero sucede que la radio exhala sus canciones junto al crepúsculo y pienso que tú eres el único ser, capaz de entender en ese gesto encerrada la vida.

Quizá por eso, aunque rolé por cuerpos fue solo para descubrir tu esencia indeleble a mí.

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